Trance

Tic
Tac
Tic
Tac
Tira
Trozos
Traga
Tiempo
Tantas
Tundas
Tienes
Trapos
Trujo
Trampas
Todo
Tinto

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El abismo

Contemplar
la contemplación
de los contemplativos
sin dudar,
sin caer,
sin ser,
sin explicar.
Contemplar.
Estar detrás del que siente,
sentir a través del que siente.
Utilizar otros cuerpos como puente
hacia el abismo.
Alzarse a observador fementido
en medio de la plaza,
ajeno y acogedor.
Cuántos caminos llevan a la misma
indiferencia, cuántas ideas
provocan el mismo hastío,
cuántas laderas desembocan
en el mismo charco emponzoñado.

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Vocerío

Vocerío
y gritar por gritar
y gritar por gritar contra alguien,
contra el reflejo de lo que no queremos ser.
Cuando la voz agresiva se lanza al viento
se pierde y se torna voz del pueblo,
sentimiento de todos los que sienten
y de todos los que no.

Todos somos vocerío que envuelve y quema,
por eso nacemos obligados a lavarnos día
a día
y otro día
y otra vez
para no ser confundidos con el resto,
para no poder ser acusados de consentir
que nos imputen una sola palabra
que no hayamos dicho.

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Hasta siempre, Comandante

Al comandante Hugo Chávez,
Voz que Clama en el Desierto.

¡Huele a azufre!
El público circense se remueve en sus asientos,
estaban adormilados y los sorprende
un buen discurso.
La retórica, el arte de la demagogia.
«La Unión Soviética se desvió desde temprano
y nunca hubo socialismo»: éste siglo será
el del socialismo.
Los ababoles están inquietos,
aplauden algunos al Presidente.
«El capitalismo es el camino a la extinción»,
repites con voz hueca.
Ah, sobrevivir en tierra hostil
los sutiles envites del veneno.
«Las Naciones Unidas han agotado
su modelo».
¡Huele a azufre!
¡Huele a azufre!
¡Huele a azufre!
Criaturas hay que, inconscientes,
no comprenden la tragedia:
señalar al enemigo
es ya una gran victoria.

«Váyanse al carajo, yanquis de mierda, que aquí hay
un pueblo digno».

[Poema escrito en julio de 2011.]

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Fragmento

…Para algunos, la amistad es sólo una excusa para no actuar en soledad.
Después el camino macilento, el abandono imprevisto, el retiro obligado,
la voz abatida que clama en el desierto del desamparo.
La sorpresa, la rabia y el resentimiento dejan pronto paso a la sed,
a la contrición de quien se piensa culpable de supuestos pecados.
La vida clamando venganza contra ti; el orden del mundo, silente,
bailando con las ruinas de lo que fuiste, con lo que en verdad fuiste
siempre tras la máscara de un barro sugestivo y quebradizo.
No se trata, te has convencido con los años, sólo de estar ahí;
has de contarlo.
Llevabas tres años sin opción
o sin sangre en los brazos para elegir.
Arrastrar los pies camino de la gloria sin saber muy bien por qué,
como los lamas escogidos al nacer, como una caída al vacío.
Con rabia escondida tras la coraza que protege/camufla
la inocencia de un alma (¿puedo decirlo?) que nunca comprendió la vida.
Mirada al frente, desnortada. Y una voz del pecho: utz nazazu bakean…

[Frangmento de un cantar en construcción.]

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Ahora

Ahora,
es ahora o nunca.
Pero ahora:
flotar, vacío interior,
temblor de alma,
mirar nublado.
Es ahora o nunca,
cobarde: entiende que este
es el último ahora.

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Ya habíamos perdido

Ya habíamos perdido.
La furia, los insultos, los alardes
eran sólo ecos del orgullo herido.
Qué querías o qué podíamos hacer;
callar con angustia, esperar.
Esperar como quien aguarda
lo inevitable, ser estatua
ante la avalancha.
Ver cómo se acerca el fin
y no hacer nada: contemplar con valentía
que no tenemos salvación.
A veces atacar
es una forma de rendirse.

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Anoche

Cezanne – El bebedor

Anoche
(me gusta salir por la noche,
caminar en soledad y anonimato
o disolverme en un grupo de canallas;
de cualquier manera;
me gusta cómo la oscuridad nos protege de nosotros mismos)
anoche hablé con un tipo al que no conocía
y que resultó ser de charla fácil.
El bar
el antro
el tugurio estaba cerrando y el camarero
-un desgraciado y antipático cocainómano-
nos avisó de que fuéramos pagando.
Mi interlocutor se indignó: ¡Y encima nos quiere cobrar!
Yo lo repetí. Y encima nos quiere cobrar.
Porque nosotros, al fin y al cabo,
estábamos ahí de adorno
haciendo ambiente
sin molestar
para el efecto llamada.
O eso nos hacía creer la fatuidad.
Ibamos cuatro y el mundo no tenía otro sentido
que ser telón de fondo de nuestras vidas.
De nuestras deficients y simplonas vidas.
El camarero se lo tomó mal: las resacas acumuladas
los años
la farla
las copas
y un concierto esa misma noche.
Luce canas, está gordo y no quiere entender
(maldito drama del siglo)
que juventud no es sólo trasnochar.
El muy cabrón se inventó copas en la cuenta
y no nos puso el precio de amigo, el de siempre,
el que nos permitía seguir tirando con la poca dignidad
que nos quedaba en la cartera.
Y zapatiesta al canto, de mí no te ríes,
arañar bolsillos, si lo sé no vengo,
a partir de ahora, con esto no llega,
y tú qué dices, que ya está bien.

Por eso te escribo, querida,
para que sepas que no estaré allí
cada noche, con la jarra y el cigarro,
esperando tu aparición en la puerta;
que tendremos que buscar otro sitio
para fingir sorpresa al vernos
-tú por aquí, te iba a llamar,
y si te vienes a-.
Que todavía nos podemos permitir eso
de no arrastrarnos, de no aceptar
un mal gesto, una boca torcida,
una mano rota. Y, sobre todo,
que ya sabes cómo nos va
y que lo de ir allí era por el precio.

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Mainstream

Ernest Hemingway

Ese es el instante,
en el que desconectas temporalmente el cuerpo
y el alma se asoma por los ojos:
ese es el instante.
El maldito instante.
Cuando todas las fuerzas que pudieran quedarte
las consume tu cerebro, carburando
a toda máquina explicaciones a
-¿lo confiesas?- tu soledad.
Tu aterradora soledad no buscada.
Yo te conozco, Johnny K,
sé que cuando recuperas el sentido físico de tu ser
te sientes exhausto y no te has movido.
Y sé que te enfrentas a la vida así,
sin comulgar por coherencia
y sin luchar por desidia,
sé que tu historia es de abandono
y que por dentro suspiras
por un tiempo
que no conociste.
Llorar por un error no cometido,
lamentar ser la posibilidad equivocada
-quizá la única opción viable-
de un experimento. Y no tener retorno.
Y saber que has perdido.
Y seguir en la brecha.
Sin moverte.
Y callar por no matar.
Y morir por callar.

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Gnosis

Por un instante -uno: el que transcurre
entre deslumbrarme por tus ojos y darme cuenta
de que también eres persona-
pensé que estaba enamorado.

Lo reconozco: enamorado,
con la mácula de humillación
y la bochornosa irracionalidad
que ello conlleva; amor.

Pero entonces… Ay, mujer,
entonces proyecté varias imágenes en mi cabeza.
Una secreción multicolor en tu nariz,
un gurullo entre los dedos de tus pies
y la hediondez derivada de tus flatulencias.

Y en el rechazo que me causaba descubrí
que no te conocía.

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